La Fundación PROCAL:
un espacio en construcción permanente

 

A través de sus proyectos, la Fundación PROCAL ha tenido el extraordinario privilegio de vincularse a amplios sectores de población y a distintas comunidades de todo el país. De esta manera, las acciones compartidas, los análisis críticos, la riqueza de la diversidad, el encuentro de saberes, nos han confirmado la posibilidad de articular solidariamente alternativas para la acción y el cambio.

Cada uno de estos recorridos nos han permitido crecer en la fecundidad de la interacción humana y en esa perspectiva nos ha acercado a experiencias nutridas desde múltiples enfoques, ofreciéndonos la oportunidad de ensayar y encontrar nuevos sentidos al quehacer social.

Así, hemos ido aprendiendo a transitar sin ataduras en el diseño de propuestas que puedan enlazar lo pedagógico y lo político, como condición de toda iniciativa que tenga como horizonte la justicia y la equidad.

Lo anterior nos ha señalado como punto de partida, el cuestionamiento de un sistema de valores dominantes que tejen redes -a veces imperceptibles- de significaciones estructuradoras de múltiples fuentes de desigualdad y exclusión. De allí que, en cada una de las aristas de nuestro trabajo, sea preciso nombrar y evidenciar la violencia, muchas veces disfrazada de razón, tradición o norma naturalizada.

Esta es una de las vías primordiales para asentar un trabajo de respeto, defensa y exigibilidad de los derechos de las personas; para abrir surcos firmes, por los que circulen libremente la palabra, el deseo, la fuerza; para re-crear y re-significar la vida; para entendernos en una dimensión totalizadora y para acogernos recíprocamente en la solidaridad.

Ello constituye la matriz en la que se van gestando las formas de acercarnos a tales desafíos, sin ser ninguna de ellas única e inamovible; por el contrario, se abastecen permanentemente del acontecer dialéctico anudado al tejido social.

Nuestros proyectos, por lo tanto, son espacios en movimiento, que intentan generar lecturas estructurales que, contenidas en situaciones particulares, tienen un origen que las trasciende. Son también ejes potenciadores de capacidades humanas, que recuperan la memoria histórica y otorgan un lugar reconocido a toda experiencia personal y colectiva, como una forma de:

  • imaginar y ensayar acciones transformadoras
  • asomarnos a nuevas significaciones
  • compartir caminos cercanos y posibles
  • desterrar dogmatismos y certezas

y en definitiva, para construir escenarios donde encontrarnos y donde haya lugar y tiempo para la esperanza.


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